Reseña: “JACKIE” (1973), de Jackie DeShannon

0000034540_350Jackie DeShannon no es demasiado conocida en nuestro país a pesar de haber tenido una carrera larga y ciertamente fructífera: compositora precoz de rockabilly en los 50, rubísima chanteuse con aura de pop star en los 60, artista madura respetada por crítica, colegas y público en los 70… Durante estos años DeShannon publicó al menos media docena de álbumes imprescindibles, entre los que se encuentra este  espléndido “JACKIE” que el sello neoyorquino Atlantic licenció en el 73.

En el álbum podemos encontrar folk, rock, soul, gospel, country… Todo ello estilizado en un pop maduro –más que adulto– exquisitamente producido por la plana mayor de Atlantic (Wexler, Dowd, Mardin). El estudio elegido fue el American Sound Studio de Memphis, y los músicos  seleccionados algunos de los mejores sesionistas de la época, habituales en los trabajos de American, nombres legendarios como el guitarrista Reggie Young o el bajista Mike Leach.

El resultado es un álbum de AM Pop de sonoridad fastuosa, de una elegancia que podría decirse clásica, en el que destacan los preciosos arreglos de cuerda y voces. El repertorio está formado por composiciones propias y ajenas, formando una colección ecléctica, sin “hits” instantáneos, cierto, pero repleto de canciones de esas que crecen con cada escucha. La fascinante balada “Would you learn to dance” –original del gran Steve Goodman–, ese himno de memphis blue eyed soul que es “I won’t try to put chains in your soul”, sus personalísimas interpretaciones del “Only love can break your heart” de Neil Young y el “I wanna roo you” de Van Morrison –maravillosa versión–, el dinámico “Anna Karina”, sin duda una de las grandes piezas del cancionero de la rubia de Kentucky… Ella es, sin duda, la verdadera protagonista en todos y cada uno de los cortes: DeShannon parece tener una voz hecha para cantarlos, una voz que derrama en un fraseo sobrio, una voz que se ahúma para sugerir o se enronquece para desgarrar a voluntad de su dueña, quien consigue, sin aspavientos, mantener en vilo emocional al oyente durante los cuarenta y pico minutos que dura el disco.

Un trabajo, así pues, espléndido, amén de perfecto para acceder al personal universo de Jackie DeShannon: una de esas intérpretes y compositoras capaces de procurar infinitos momentos de placer al oyente avezado, que no dudará en rebuscar otras referencias de la artista en su exquisito catálogo.

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