LA VIDA, LA MUERTE Y EL JUEGO. Brunetka & The Crazy Whores + Brunetka & The Lonely Ghosts (2CD). Putaloca Records 2015

12030_922157034519248_2200862061112423714_nUn alegato ilustrado y en favor del joie de vivre a través de las canciones –acojonante selección–. Un personalísmo manual de lírica popular –estos maestrillos tienen su librillo–. Un tutti frutti estilístico resuelto en un consistente doble álbum de rock-folk babeliano y contemporáneo –no sé si me explico–… Del disco que se reseña puede decirse todo lo anterior, que debe ser comprendido, interpretado según la clave del gesto, de la actitud: Brunetka y los suyos hacen lo que les sale del chichi, para empezar. Y lo hacen por pura diversión, para continuar. Y además lo hacen de puta madre, por concluir. Pero… ¿qué coño es lo que hacen?

Examinada la criatura, el observador extrae que lo primero que ha movido a Brunetka y pandilla a la hora de parir este doble disco ha sido el deseo de compartir con el oyente un ramillete de canciones sencillamente acojonante, canciones –todas ellas menos una versiones– que han seleccionado y hecho suyas en un álbum bicéfalo, esquizo, dipsómano y conceptual: la cosa va, pues, de la vida y de la muerte, del amor y de la soledad, de reír y de llorar, de mearse encima del gusto y del miedo, de emborracharse y de cantar, de qué coño se supone que iba a ir si no. Un catálogo personal al tiempo que universal, y que sirve al fin para revelar una manera, un estilo, una forma propia –vale también decir auténtica– de entender el arte y la vida: no somos nadie, joder, y la música es solo un juego, lo cual no quita que a los brunetkos les guste jugarlo con la seriedad de una panda de niños que, olvidados del resto del mundo, alborotan, a lo suyo, abajo en la calle.

Esta seriedad a la hora de apuntarse al juego salta al oído en primer lugar en la producción, en el impecable envoltorio sonoro. El problema de dar coherencia formal a un muestrario de canciones cuyos autores van de Fabrizio de André a Donovan pasando por Leo Sayer, Mose Allison o José Alfredo Jiménez está resuelto con la sabiduría y el gusto de un Hal Willner obsesivo, compulsivo, pelacables y andergráun. El acabado del conjunto –contemporáneo pero clásico–, la sobriedad en la ejecución de los músicos –el rocanrol es antes que nada sonido, leches–, la medida intención con la que están espolvoreados a modo de guiños emotivos los precisos arreglos –voces, acordeón, trompeta, violoncello–… Todo está coscientemente dispuesto para sacar brillo al tesoro precioso que contiene el disco, insisto, una selección de canciones populares acojonante, cuyo nexo común es el de poner bellas palabras a la experiencia compartida y cotidiana de las ganas –peleonas y alternantes– de vivir y de morir. Quien da carne a estas palabras es, claro, la sin par si bien desdoblada Brunetka: unas veces aristocrática y tabernaria como la Faithfull, otras gélida y volada como la Nico, siempre amateur y callejeada como una trovadora punk.

a4035857994_10En su encarnación erótica –The Crazy Whores–, Brunetka se traviste de putana masoca y decadente ­– la preciosa “I’m your late night evening prosititute” (Tom Waits)–, proclama descreída que nunca habrá amores nuevos bajo el sol –”Before my time” ( Johnny Cash)–, protesta como un trovador antisocial tirando de sátira política –”Le deserteur” (Boris Vian), “How Silly” (Donovan)–, o envía a dios a tomarse un merecido descanso como en su día lo hiciera el bueno de Epicuro –”Modest proposal” (Mose Allison)–. En medio de la bacanal, la Brunetka sicalíptica tiene tiempo de arrimarse también a Luigi Tenco, José Alfredo Jiménez, Bob Dylan, Fabrizio de André o el napolitano Renato Carosone, cuya “Maruzzella” comienza con una descacharrante intro que incluye una de las rimas más audaces de las ultimas décadas, a pizza, qué buona (…) mozzarella e Maradona… Este primer volumen se cierra cantando jarra en mano y en un tugurio la leyenda sifilítica de la ostrera Molly Malone, que nos recuerda los peligros del consumo de marisco no demasiado fresco.

a4099481980_16Por su parte, la mitad tanática de Brunetka –The Lonely Ghosts– le canta a la pulsión de muerte, sí, pero le canta –no jodamos– y con ello la espanta. Caben aquí una sentida y adictiva rendición de “I’m so lonesome I could cry” de Hank Williams (“la canción más triste del mundo” la llamó Elvis), la deliciosa y desnuda “When the music stops” de Leo Sayer (qué canción, madre mía), ese himno a la castración que es “Two Rivers” de Charles Lavaigne (músico patrio al que va a haber que seguirle la pista), y el único tema propio del disco, “Forever not dead”, que nos habla del mordisco imborrable que nos deja dentro el amor: “y ahora ya está demasiado oscuro, y ahora ya es demasiado tarde, y sea lo que sea lo que hayamos perdido, habrá de permanecer callado”. Repiten significativamente en este segundo volumen De André (“Inverno”) y Donovan, con cuyo prodigioso “Your broken heart” –no hay soledad más honda que la que trae el desamor–, echan el aterciopelado telón.

Transcurrida la escucha, el álbum viene a desplegarse como un tablado para marionetas en el que eros y thanatos hicieran sucesiva exhibición de canciones –lo que se dice sacar bola– para darse después de guantazos en la corrala espiritual del oyente. Una farsa en toda regla, pues en verdad lo que demuestran unos y otros (putas locas y fantasmas solitarios) es que saben reírse de sí mismos, muchas veces a mandíbula batiente, y casi siempre con la ironía que supone hacerlo solo por dentro. Acabarán los contrarios abrazados y borrachos, consumarán el matrimonio cielo e infierno, es este un disco en que los dobles se reconcilian huyendo juntos y como de la peste de todo lo que huela a solemnidad: no somos nadie, joder, y la música es solo un juego, lo cual no quita que a los brunetkos les guste jugarlo con la seriedad de la panda de niños que, olvidados del resto del mundo, alborotan, a lo suyo, abajo en la calle.

Visita el BANDCAMP DE BRUNETKA Y LOS SUYOS para escuchar sus álbumes.

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