Reseña 08: KEEP ON ROCKIN’, MARIANNE! “Easy come easy go”. Marianne Faithfull (2008).

EASY COME, EASY GO, el último disco de Marianne Faithfull, es una obra mayor, un doble álbum apabullante, cuya primera impresión en el oyente es la perplejidad que produce enfrentar un mosaico de tales dimensiones musicales y artísticas: dieciocho temas, todos versiones que, a pesar de su vario género –rock, pop, jazz, music-hall…–, gozan de una unidad de efecto inexpugnable, gracias, en gran parte, al trabajo magnífico del productor Hal Willner. La nómina de colaboradores que guarda las espaldas de la Faithfull es asimismo epatante: Nick Cave, Keith Richards, Teddy Thompson, Sean Lennon, Rufus Wainwright, Antony… Todos ellos ocupan en el disco un discreto segundo plano, rindiendo pleitesía a la que es, sin duda, una de las voces más emocionantes del Rock & Roll.

EASY COME, EASY GO empezó a gestarse hace más de dos décadas. En el año 85, en casa de un amigo, Willner descubrió el BROKEN ENGLISH (79), uno de los hitos en la carrera discográfica de la Faithfull. A la primera escucha el productor alucinó en la rubia artista a la Dietricht, a la Edith Piaff del rock, la intérprete destinada a poner voz a las grandes canciones de su época; Willner –un productor a la antigua usanza, con una visión musical esférica que le ha llevado a especializarse en discos tributo y conceptuales– intuyó, en el disco punk de la británica, a la cantante de standards, y a partir de entonces le rondó la idea de acometer un álbum de covers con ella. La siguió y la consiguió, y sólo dos años después Willner pudo ver sus deseos materializados, gestando desde el concepto inicial, junto a Marianne, el magnífico STRANGE WEATHER (87), y haciéndose cargo de la posterior grabación. Unidos desde aquel encuentro por una buena amistad, determinados por los excelentes resultados de su colaboración, el productor y la cantante se prometieron repetir la experiencia en cuanto las circunstancias lo propiciaran. La ocasión se presentó, finalmente, durante el pasado 2007; Faithfull y Willner se reunieron a escuchar canciones y más canciones, tirados en la moqueta del salón de casa de la artista como habían hecho veinte años atrás, hasta que acordaron, tras varias semanas de trabajo, la selección definitiva: 18 piezas de géneros y autores muy diferentes que sin embargo exhiben, en el fresco de EASY COME, EASY GO, una cohesión musical tensa y elástica, una coherencia conceptual granítica, resultado de la mezcla perfecta entre el personal talento de la Faithfull –una diosa del amor caníbal que convierte en suyo todo lo que canta– y el conocimiento musical –histórico, crítico– de Willner.

La producción del álbum apunta sin complejos a las grabaciones clásicas de finales de los sesenta y principios de los setenta: EASY COME EASY GO es un disco de pop/rock orquestado, vidrioso y electrizante, de sonoridad majestuosa, profusa a la vez que limpia. La instrumentación y los arreglos han sido dispuestos sabiamente en función del elemento prominente, la voz curada de Marianne; escuchando con atención el trabajo de ingeniería de Willner –y la ejecución de los músicos, fantástica–, podría decirse que el relojero judío ha rendido su cerebro al corazón de la rubia chanteuse; el sonido de corte clásico se ajusta prodigiosamente al estilo inimitable de la británica y lo resalta; en cada uno de los temas, Willner y la banda proporcionan el disfraz y el fondo apropiados a la interpretación de la Faithfull, poniéndola en situación, dándole el pie y aupándola al alambre emocional. Marianne, por su parte, está esplendorosa, se siente segura del terreno que pisa y a gusto en las pieles que la visten, y el resultado es que, a los sesenta y dos tacos, su voz adobada y profunda suena más madura, más faithfull que nunca. Echando mano, como en ella es natural, de las artes que mejor domina –ralentizando el fraseo, enfatizando la intención dramática de las palabras con sus características inflexiones, asfixiando el final de las sílabas o dándoles ese peculiar timbre afónico, ese tono nasal que raya lo grotesco– la Faithfull da voz auténtica, a lo largo del disco, a una desfile de máscaras que nos hablan de la tristeza y de la soledad, del coraje y del dolor, del sexo y del desamparo, de la extenuación, de la esperanza, unas veces con sarcasmo aristocrático, otras con llaneza cruda, otras con vigoroso entusiasmo, siempre con una dignidad que podemos sentir hermosa y honda.

En “Solitude” rinde homenaje a su amada Billie Holiday convirtiendo el espíritu turbio de la jazz-singer de Baltimore en un deje propio, y en “Children of Stone”, un tema de pop patético y barroco, se viste de cuero y le cede a Rufus Wainwright la peluca. En “The Crane Wife” toma una canción de los contemporáneos The Decemberists y, ayudada de su compinche Nick Cave, la dota de clásica y cavernosa hondura. En “Down from Dover” acude al cancionero de Dolly Parton para emocionarnos con la tragedia de una muchacha despreciada en mitad de su embarazo, y en “Hold on, hold on” inyecta distinción y brío a una pieza de Neko Case, niña bonita del alt-country. Nos conmueve cuando se merienda a un gigante como Nick Drake –“Kimbie”–, cuando hace desparecer bajo sus galones al plasta de Morrissey –“Dear god please help me”– o cuando se burla de su misma calavera en el tema precioso de Bessie Smith que da título al elepé. En “Sing me back home” –una country ballad carcelaria de Merle Haggard–, ella y su amigo del alma Keith miran atrás y se conceden un último baile antes de volver a casa, y en “In Germany before the war” se deja poseer por el grandísimo Randy Newman –aristócrata del pop de esencia naturalmente afín a la sustancia de nuestra Marianne– para cantarnos su bella historia en un cabaret y tatuarnos una lágrima en la piel del ansia…

 

Lady Rock & Roll!

A día de hoy, Marianne Faifhfull es uno de los grandes activos del Rock & Roll, una artista cuyo corazón, cuyo aliento –sensible e inteligente, arriesgado y poderoso, bregado y distinguido–, es imprescindible para que el rock, una música necesitada urgentemente de boca a boca y masaje en el pecho, pueda seguir fumando, siquiera respirando. Si al Dylan autor le debemos el haber ampliado los horizontes del rock haciéndolo madurar literariamente cuando parecía que sus posibilidades expresivas se habían agotado, a la Faithfull intérprete hay que agradecerle que lo haya elevado a cotas artísticas insospechadas, renovando así la vigencia de una manera, ciertamente anglosajona, de entender la música y la canción: entretenimiento popular, producto artístico, espectáculo, negocio, oficio… –alíñese generosamente con sexo, drogas y rock and roll.

Llegan fácil, tal vez, pero no se van las “dieciocho canciones para amantes de la música” de EASY COME, EASY GO: un trabajo portentoso –en ambición y dimensión– de resultados sublimes. Que vuelve a dejar claro que la rubia Faithfull sigue necesitando moverse en el filo para sentirse artísticamente viva. Keep on rockin’, Marianne

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Comments
6 Responses to “Reseña 08: KEEP ON ROCKIN’, MARIANNE! “Easy come easy go”. Marianne Faithfull (2008).”
  1. Josep dice:

    Buenísima la crónica y totalmente de acuerdo!!

  2. Victor dice:

    I love the Pooh/Poe thing. I saw it on your Tumblr and thought it was hiulaiors. Who would’ve ever connected the two?Interesting thoughts on education. That sounds like a really cool teacher. I wish I knew some of those raps! :D

  3. mobile dice:

    It’s a pleasure to find someone who can identify the issues so clearly

  4. here dice:

    It’s really great that people are sharing this information.

  5. Jessica dice:

    OH: And on the mix I made for January (that ISN’T AUTOSTARTED ON THE SIDE-BAR! ;-D) I put a She & Him song! I really like them….I think I fgroot to tell you that! Haha! Thanks for sending the CD! :-D

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  1. […] banda –la necesaria para dar vida como corresponde a los temas de su último y excelente “Easy come, easy go”–, del mismo modo que habríamos preferido escuchar al maestro Pettibone empuñando una Gretsch […]



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